LECTURA: DOMINGO XIII DE TIEMPO ORDINARIO (28-6-09)

EVANGELIO


Contigo hablo, niña, levántate Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-24. 35b-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santíago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

COMENTARIO

Jesús vive haciendo el bien y sanando a los enfermos. Jesús ama especialmente a las personas que sufren.

Cuando sufrimos pensamos que Dios no nos ama, que nosotros estamos alejados de él. Preguntamos ¿Por qué a mí?

Cuando sufrimos Jesús está con nosotros. Jesús comparte nuestro sufrimiento. Nosotros cambiar la pregunta ¿para qué? Dios nunca responde al ¿por qué? Dios siempre responde al ¿para qué?

Y muchas veces es para que nosotros nos acerquemos más a Dios, nos encontremos con Dios, experimentemos su amor.

Debemos vivir el sufrimiento unidos al amor de Dios. Al final siempre encontramos una luz. Lo importante es confiar en Dios. El padre de la niña confía en Jesús. Sabe que Jesús puede curar a su hija.